Archive for the ‘1980's’ Category

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Tres décadas arrebatadas

junio 9, 2010

Hoy se cumplen 30 años del estreno de una de las obras cinematográficas más extrañas, fascinantes y con más personalidad de la historia del cine español: “Arrebato”. Sobre esta película de Iván Zulueta (que murió a finales del pasado año) es posible que se haya dicho ya casi todo lo que se pueda decir, de todas formas os adjunto un enlace a este interesante artículo que podría servir de introducción a aquellos que no han visto la película ni conocen la historia que la envolvió.

P.d.: A ver si puedo volver a postear con más frecuencia a partir de esta semana. Un saludo!

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Harlem Nights (Eddie Murphy con ínfulas de gran autor)

marzo 15, 2010

A finales de los 80 Eddie Murphy se encontraba en la cima de su carrera, una carrera que había empezado a labrarse como cómico desde finales de los 70’s metiéndose de lleno en el mundo del cine a principios de los 80’s con hitos como “Límite 48 horas” y “Entre pillos anda el juego”. Estos títulos vendrían seguidos de otros enormes exitazos como “Superdetective en Hollywood” o “El chico de oro”.  En 1988 Eddie ya tenía el mundo a sus pies, contaba con una carrera intachable y además se había follado a medio Hollywood. Fue ese mismo año cuando le permitieron que se llevara a la gran pantalla una película a partir de un argumento suyo la cual sería protagonizada por él a las órdenes de John Landis (quien ya le había dirigido en la mítica “Entre pillos anda el juego”) y que daría como resultado, a parte de uno de los grandes hitos de su carrera, una de las comedias más memorables de finales de siglo: “El príncipe de Zamunda”. Después de esto Eddie Murphy se consolidó definitivamente como uno de los cómicos más respetados y efectivos en taquilla de los USA por lo que tendría carta blanca para hacer lo que le saliese de la minga y de hecho así fue. Solo un año después decide llevar a cabo otro de sus proyectos personales sólo que esta vez escribiéndolo y dirigiéndolo él mismo. El proyecto fue “Noches de Harlem (Harlem Nights)” con la que Murphy tenía la ambición de realizar una recreación del Harlem de los años 30’s y además reunir a tres de los nombres más importantes de la comedia afroamericana de distintas generaciones cada uno de ellos: Redd Foxx, Richard Pryor (su ídolo y mayor influencia) y él mismo.



Todo pintaba la mar de bien: una peli protagonizada por Richard Pryor y Eddie Murphy!! Murphy (como ya he dicho) venía de tocar el cielo con “El príncipe de Zamunda” y Richard Pryor había estrenado unos meses antes “No me chilles que no te veo” (otro éxito de las comedias de los 80’s), por lo cual el film de Murphy contaba con un gran reclamo para el público. Sin embargo el problema estribaba en el hecho de que la película estaba escrita y dirigida por el propio Eddie Murphy, el cual para protagonizar pelis era genial pero lo que nadie podía saber era qué tal se desenvolvería contando historias (recordemos que aunque en “El príncipe de Zamunda” el argumento era suyo el guión no lo firmaba él) y más aún dirigiendo películas.

Las intenciones de un Murphy crecido por la fama eran prácticamente las de crear la gran comedia afroamericana: una película con estrellas, gracia y que recreara una etapa histórica de la comunidad afroamericana. Pero… ¿en qué quedó la cosa al final? Pues en que las estrellas estuvieron presentes pero Murphy no tenía el suficiente talento para escribir un guión con verdadera interés ni recrear como Dios manda una etapa histórica de su comunidad mediante una producción de Hollywood. El mayor reconocimiento que obtuvo la peli fue estar nominada al Oscar en la candidatura de “mejor vestuario” (cosa que no se le puede reprochar porque su vestuario es fantástico), por lo demás el film fue un fiasco artístico llevándose Murphy el galardón a “peor guión” (también fue nominado a peor director) en los Razzies. Sin embargo la peli funcionó de maravilla en taquilla recaudando solo en los USA tres veces más de lo que costó, por lo que (viéndolo en este sentido) el tiro no le salió tan mal a Murphy. Teniendo en cuenta el momento que atravesaba Murphy en su carrera (ninguna película protagonizada por él había defraudado y además protagonizaba la película nada menos que junto el gran Richard Pryor) el éxito en taquilla estaba casi asegurado, sin embargo “Noches de Harlem” supone el primer paso hacia el declive en la carrera de Murphy con la llegada del fin de la década de los 80’s. Después de “Noches de Harlem” el “efecto Murphy” empezaría a perder fuerza y sus películas serían de peor calidad, con la honrosísima excepción de “Boomerang” (la gran despedida del Murphy que molaba y una reflexión sobre su personaje público y sobre sí mismo).



“Noches de Harlem” (como he comentado antes) tuvo  éxito en taquilla pero la película no deja de ser un bodrio de tomo y lomo resultante de los delirios de grandeza de un Murphy al que le dio por erigirse como director, guionista, productor y protagonista de la cinta. En la película nos encontramos a través de un guión soso con un refrito de “El Golpe” en plan negroide que no mantiene nada bien el sentido del ritmo y que aburre en muchos más momentos de los que entretiene. Uno de los grandes fallos del guión es lo mal conjugadas que están las escenas cómicas con las serias, por no hablar del confuso modo en que están perfilados los personajes, salvándose de la quema los de Richard Pryor y Danny Aiello (posiblemente gracias a sus intérpretes). Murphy en cuanto a su interpretación aún contaba con esa presencia y elegancia tan característica suya en aquella época pero comete el error de componer un personaje que se da demasiada importancia a sí mismo (típico caso que suele dar cuando el prota tiene el control absoluto del proyecto).


Curioso es saber que después del film aparte de que comenzaría la decadencia en la carrera de Murphy, la carrera de Richard Pryor no volvería a despegar a pesar de que se intentó volver a probar la fortuna de nuevo junto a Gene Wilder en “No me mientas que te creo”


A pesar de que “Noches de Harlem” es un título que no suele gustarnos a los admiradores del Murphy de “Superdetective en Hollywood”, es la única peli (junto con “Entre pillos anda el juego”) de Murphy que llega ha gustar a algunos de sus detractores (seguramente por su artificioso intento de recuperar el sabor del cine clásico). Aunque “Noches de Harlem” no sea un gran film no deja de ser un título mítico aunque solo sea por el hecho de ser el proyecto personal más ambicioso (hasta cotas delirantes) de Murphy aparte de su único trabajo como guionista y director de cine y por lo que supuso en su carrera.


Más imágenes:


Redd Foxx, Richard Pryor y Eddie Murphy: tres generaciones de comedia afroamericana

Richard Pryor y Danny Aiello: el único duelo interpretativo verdaderamente interesante de la peli

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Body Heat

febrero 28, 2010

Si me tengo que quedar con una revitalización del género negro de finales de siglo sin duda (por encima de “L.A. Confidential”) sería con “Fuego en el cuerpo (Body Heat)” de Lawrence Kasdan, no solo una de las mejores películas de cine negro de finales de siglo sino también una de las más conseguidas óperas primas de la historia.

Kasdan a principios de los 80’s era un joven guionista que con solo tres guiones había triunfado por todo lo alto. Más mérito aún tiene la cosa sabiendo que el proceso de su enorme éxito se forjó en solo dos años (1980 y 1981) y que dos de esos guiones dieron como fruto dos de las películas más míticas, emblemáticas y rentables de los 80: “El imperio contraataca” y “En busca del arca perdida”. Al parecer lo que Kasdan tocaba se convertía en oro, por lo cual con tan solo un guión llevado a la pantalla grande (el de “El imperio contraataca”, “En busca del arca pérdida” todavía no se había estrenado) se convirtió en un enchufado de la industria, una industria que le dio carta blanca para dirigir su primera película a partir de un guión propio con el que redefiniría el género negro justo el mismo año en que también redefiniría el género de aventuras con el guión del “En busca del arca pérdida” de Spielberg. La producción se llevó a cabo con la Warner y parte de las pelas las puso su colega George Lucas que también colaboró en la financiación de sus otros dos guiones de por entonces.


Lawrence Kasdan

El film sigue el esquema de los clásicos títulos protagonizados por vamps o femme fatales que utilizan al hombre a su antojo para lograr sus objetivos. La peli no nos cuenta nada que no supiésemos ya gracias a clásicos del género como “Perdición” o “Deseos humanos” pero lo más importante no es lo que nos cuenta sino el modo en que nos lo cuenta. “Fuego en el cuerpo” está realizada en una época en la que la liberación sexual en el mundo del cine ya estaba más que asumida, por lo cual desinhibe del todo a un género cargado de erotismo y tensión sexual llegándonos a mostrár lo que en los clásicos solo nos era sugerido. Por tanto nos encontramos ante algo más que un simple homenaje a un género, “Fuego en el cuerpo” es uno de los clásicos definitivos del cine negro del siglo XX aunque solo sea por el simple hecho de presentársenos de un modo que nunca se pudo mostrar en la edad dorada de Hollywood. Pero el contenido erótico no es el único fuerte de la película, su argumento (como ya he dicho) a imagen y semejanza de los grandes clásicos, cuenta con un guión de una factura impecable y con un estilo visual con sabor añejo pero con el aliciente de contar con la fotografía en color que aunque haga perder la esencia de los clásicos da mucho juego al realizador a la hora de mostrarnos su narración. Con todo esto no es de extrañar que el film sea considerado por gran parte de la crítica como uno de las mejores cintas de los 80’s.


La historia gira en torno a un abogado de oficio (William Hurt) con ínfulas de playboy que un día se topa con una mujer de belleza fascinante y primitiva (Kathleen Turner), la cual al parecer está casada con un millonario hombre de negocios (Richard Crenna) y con la cual acaba teniendo la aventura de su vida. Como es de esperar esa mujer acabará usando al abogado a su antojo y haciéndole obrar en pro de su propio beneficio personal. Para mostrarnos la historia Kasdan apoyado por la maravillosa fotografía de Richard H. Kline, nos sumerge en una atmósfera calurosa que capta la esencia tórrida de la historia que se nos relata. Para ello la acción se sitúa en una localidad de Florida (en un principio iba a ser Nueva York o Nueva Jersey, hecho que hubiese hecho carecer de ese ambiente tropical tan acertado con el que cuenta la película) que está viviendo una ola de calor (hecho ante el que la fotografía del film adopta un tono húmedo que nos da sensación de vapor y conjuga muy bien con las sudorosas y humeantes imágenes que presenciamos (ya sea durante los polvos o mientras sus protagonistas fuman)). Y es que el calor siempre está presente en la película y juega un papel importantísimo, tanto argumental como visualmente, por lo que los días soleados, el sudor, el sexo fogoso o la continua consumición de cigarrillos a lo largo de la película no son recursos para nada gratuitos sino más bien simbólicos dentro de la historia.



Kasdan acierta por completo con un guión repleto de tópicos propios del género y continuos giros argumentales mediante el cual da a luz algunas de las escenas que han acabado perteneciendo al imaginario colectivo de la historia del cine como ese primer polvo (y primera prueba de fe a la que la mujer fatal somete a su víctima) entre sus dos protagonistas en el que vemos como William Hurt tras ser rechazado en la casa de Kathleen Turner de camino al coche se lo piensa dos veces y vuelve a por ella rompiendo con una silla la puerta de cristal (escena parodiada de genial manera en “Distracción fatal” (película con Armand Assante que parodiaba los thrillers eróticos de los 80’s)). Cada escena está cargada de detalles que con un único visionado pueden pasarse por alto pero que visionándola con detenimiento pueden llegar a saborearse mucho mejor. La mayor parte de estos símbolo son vaticinios sobre el fatal destino que le espera a su protagonista. Uno de estos momentos es aquel en el que vemos como William Hurt se queda observando como pasa frente a él un payaso en un descapotable, también cuando lanza el sombrero que le regala Kathleen Turner al perchero y cae al suelo, la escena que sigue a la primera vez en que la pareja protagonista comentan que desean la muerte del marido de ella (en la que vemos a William Hurt andando por un pasillo de los juzgados y se para al oír como se cierra la puerta de una celda a su espalda), o la escena con la que se abre el film (tras sus llameantes títulos de crédito) en la que vemos a Hurt después de tirarse a una tía observando desde la ventana como se quema el edificio donde solía ir a comer con su familia en su infancia.



En el apartado interpretativo no se le puede achacar nada pues la labor de sus actores es insuperable. Como la pareja protagonista tenemos a dos de los actores más brillantes de finales de siglo: William Hurt y Kathleen Turner. William Hurt había tenido formación teatral y experiencia televisiva y sólo un año antes de “Fuego en el cuerpo” había dado que hablar interpretando a su primer personaje protagonista en la fascinante “Altered States” (en España la tradujimos como “Viaje alucinante al fondo de la mente”) de Ken Russell, y la Turner no solo interpretaba a su primer protagonista sino que también fue su debut en un largometraje después de haber trabajado en Broadway y la televisión. Hurt sin duda es uno de los actores más talentosos e interesantes de su generación, e interpretaciones como la de esta peli lo demuestran: guapo, versátil y con un carácter, una presencia y un talento únicos. De Kathleen Turner poco se puede decir que no se haya dicho ya, sin duda elegir interpretar este papel fue el mayor acierto de toda su carrera: no solo bordó el papel a la perfección, sino que también le catapultó al estrellato y se convirtió en un mito erótico de forma instantánea. Curioso es también el hecho de que ambos actores protagonizasen (cada uno por su cuenta) una película de Ken Russell (Hurt, “Altered States”, y la Turner, “La pasión de China Blue”) y que se convirtiesen en unos de los mejores y más míticos títulos del director.


En cuanto a secundarios el nivel con el que nos encontramos no es para nada inferior: Richard Crenna (clásico Trautman de la saga “Rambo”) interpreta al marido de Kathleen Turner, Ted Danson (que se convertiría en un mito con la serie “Cheers”) realiza su primer papel importante interpretando al amigo también abogado de Hurt (míticas son algunas de sus frases como cuando le ofrecen un cigarrillo y él replica que con el aire le basta), J.A. Preston interpreta al amigo policía de Hurt que al final acaba investigando su caso, y el breve pero notable papel de Mickey Rourke interpretando a un macarrilla al que Hurt ayudó a salir de la cárcel (tras esta interpretación directores como Nicholas Roeg, Barry Levinson y Francis Ford Coppola se lo rifaron). Al igual que en los grandes clásicos los personajes secundarios son tan necesarios en la trama como sus propios protagonistas.



Mención aparte merece la maravillosa banda sonora del genial John Barry con una de las composiciones más intrigantes y sensuales de la historia del cine (impagable ese saxo!).



El mismo año en que se estrenó “Fuego en el cuerpo” también se estrenó “El cartero siempre llama dos veces” de Bob Rafelson, remake del clásico de cine negro de mismo título protagonizado por Lana Turner y que presentaba unas características similares a la película de Kasdan: un revival del cine negro con un erotismo más explícito que en los títulos clásicos, que nos brindó la legendaria escena en la que Jack Nicholson se folla Jessica Lange en la cocina. A partir de entonces el thriller erótico se convertiría en uno de los géneros que más petaron en las salas viviendo su último gran momento en los 90 con películas como “Instinto básico” y “La última seducción”.


Más imágenes:


Richard Crenna, Ted Danson, Mickey Rourke y J.A. Preston (secundarios de lujo)

Imágenes de la película
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Intros míticas de series míticas: “Punky Brewster” (y su serie animada)

febrero 8, 2010


Soleil Moon Frye (La Punky años después)

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Homeboy (Rourke luchando antes de ser Randy “The Ram” Robinson)

febrero 4, 2010

Tras el estreno de “El Luchador” a parte de recordar a muchos lo maravilloso actor que es Mickey Rourke, también nos hizo meditar sobre los paralelismos que había entre la historia de la película y la vida real del actor. Rourke al igual que Randy “The Ram” Robinson (su personaje en la película) había gozado de una fama y un prestigio a mediados de los ochenta que se fue evaporando con el paso del tiempo, y, del mismo modo que el personaje de la peli, Rourke también se dedicó a una modalidad de lucha de forma profesional solo que en lugar de tratarse de la lucha libre Mickey Rourke se desenvolvió en el mundo del boxeo (uno de sus sueños de la infancia). Rourke al igual que el personaje de “El Luchador” adoptaba un alias en sus combates y ese alias era el de El Marielito pero a diferencia de The Ram él no se había convertido en una gloria peleando sino actuando (aunque para poder desempeñar esta función tuviese que pelearse con algún que otro productor). Antes de descubrir su vocación como actor (cuando todavía era Philip Andre Rourke Jr.) y dado que no veía muy claro su futuro profesional en el béisbol (deporte por el que también se decantaba) decidió dedicarse a su mayor afición que era (y sigue siendo) el boxeo.
Pese a que el joven Philip ponía ganas al asunto finalmente tuvo que dejar de dedicarse al boxeo debido a que esto estaba perjudicando a su salud física y mental. Gracias a esto pudimos descubrir a uno de los mejores actores de finales del siglo XX que pasó de ser un macarrilla de la localidad de Schenectady (Nueva York) sin rumbo fijo en su vida a uno de los actores más prometedores de Hollywood hasta el punto de terminar convirtiéndose en una de las estrellas más exitosas de la industria en los años ochenta. Es entonces, en plena explosión de su carrera, cuando empieza a darse cuenta de lo podrido que está el negocio del cine y se niega a que se le explote como una cara bonita sin más que ofrecer, cosa que le lleva a enfrentarse abiertamente con la industria de Hollywood y a decantarse al inicio de los noventa por dejar el mundo del cine y dedicarse de nuevo a su verdadera pasión: el boxeo. Aunque lo intentase, Rourke no dejaba de ser una estrella de Hollywood y no tenía credibilidad suficiente sobre el ring por mucho que fuera una promesa en sus tiempos mozos. Su regreso al boxeo no entrará en los anales de la historia de este deporte pero nos dejó con algunos momentos míticos que siempre serán recordados como su paso por Asturias (la primera vez que el actor se pasaba por España) donde después del espectáculo se enzarzó, ayudado por nuestro Poli Díaz, con varias personas en una discoteca. Pese a su paso por el boxeo profesional Rourke nunca dejó de actuar, el problema es que no solo había perdido la credibilad en el ring sino también en cara a la industria del cine.

Poli Díaz y Mickey Rourke
Unos pocos años antes (en 1988) de volver al boxeo, Rourke protagonizó para el cine una historia escrita por él mismo que guardaba bastantes paralelismos con su vida personal y que tomaba el boxeo como elemento principal sobre el que giraba la historia. La película, “Homeboy”, es un film en el que nos encontramos con una de esas historias sobre perdedores que tanto le gustan a Rourke y con las que tan identificado se siente. En la película, Rourke interpreta a un boxeador de capa caída, un poco corto de miras, con aspecto de cowboy y nombre de whisky: Johnny Walker. Johnny (un tipo de campo) llega a la ciudad (sin que se nos explique bien por qué), lugar que desde un principio se mostrará hostil con él. Finalmente con la llegada de su promotor nos enteramos que Johnny no ha aparecido por casualidad sino para boxear. Durante su estancia en la ciudad Johnny, a pesar de su avanzada edad, irá descubriendo un mundo nuevo ante sus ojos en el que encontrará al fin un sentido que dar a su desdichada existencia: (cómo es de esperar) el amor y la comprensión por parte de una persona.
En la película nos encontramos con los tópicos propios de este tipo de pelis y por supuesto con varios nexos en común con “El luchador” aunque el resultado del film no sea ni por asomo tan redondo como el de esa película. Mickey Rourke lo intenta pero escribir no es su fuerte, sin embargo la historia, aunque ramplona en muchos aspectos, consigue funcionar de forma convencional. Como en “El Luchador” la película comienza mostrándonos al personaje que protagoniza la historia y su entorno hasta que se nos muestra el detonante del conflicto en el que se verá metido su protagonista, y aquí, al igual que en la peli de Aronofski, será el hecho de que si el prota realiza un combate más estará debatiéndose entre la vida y la muerte. Sin embargo esta no será la única decisión sobre la que Johnny tendrá que tomar una complicada decisión pues desde que llegó a la ciudad su vida ya no gira únicamente en torno al boxeo sino que ha encontrado la amistad manifestada de dos formas diferentes: por un lado con Wesley, un mafiosillo del barrio que en un principio se ve interesado por Johnny por mero interés debido a que está planeando dar un golpe y necesita a alguien que sepa pegar bien para la operación pero cuya relación irá evolucionando hacia una amistad en la que Wesley se erigirá como una especie de mentor sobre la vida para Johnny, y por otro lado con Ruby, una chica encargada de una feria y sobre la cual podrá apoyarse Johnny encontrando en ella la comprensión y el amor del que se siente necesitado. Al final Johnny tendrá que decidir entre luchar hasta hallar la muerte en el combate, ayudar a Wesley en el golpe o dejarlo todo e iniciar una nueva vida con Ruby. La decisión de Johnny no será tan descarnada y trascendental como la de Randy en “El Luchador”, sino más previsible y ñoña como era de esperar.
El film supuso el primer gran patinazo comercial de Mickey Rourke que venía de ganarse a crítica y público con la obra maestra de Alan Parker“El corazón del ángel”. La flojea en muchos aspectos, sobre todo en los que conciernen al guión, y Rourke sin estar mal tampoco es que realice una de sus mejores interpretaciones (sobre todo teniendo en cuenta la racha de grandes papeles que había ido realizando por entonces). Sin embargo he de reconocer que la peli me gusta y me resulta entrañable a la vez que agradable de ver (tampoco le pido mucho más a una película).
En cuanto al resto de interpretaciones (aparte de la de Rourke) destacan sobre todo un Christopher Walken que se come al resto del reparto con una genial composición con tendencia al histrionismo, y, haciendo de la chica de la que se enamora Rourke en la peli, Debra Feuer, quien era su esposa en la vida real y de la que se divorciaría solo un año después. Pero posiblemente lo más destacable de la película sea la preciosa banda sonora obra del mismísimo Eric Clapton. Clapton supo captar el alma de la historia y confirió con sus acordes de una atmósfera especial a la película.

Mickey Rourke y Eric Clapton
En fin, un intento por parte de Rourke de encontrar vocación como escritor (al modo de Stallone) fallando en el intento pero que será también una especie de presagio del abismo al que se encaminaría su carrera y su vida. Imprescindible de todas formas para cualquier fan de Mickey.
Más imágenes:

Imágenes de la película

Mickey Rourke, Debra Feuer, Michael Seresiny parte del cast en un reportaje fotográfico para la revista SKY

Mickey Rourke y Debra Feuer durante el rodaje

Imágenes promocionales de la película

Portada de la revista Premiere de Enero de 1988
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The color of money

enero 8, 2010

“El color del dinero” es un gran film y una ejemplar continuación de todo un clásico, sin embargo siempre ha cargado con el lastre de ser la continuación de uno de los grandes clásicos de Hollywood“El Buscavidas”, y también por el hecho de ser uno de los films más convencionales de Martin Scorsese. A pesar de todo, y de lo que la crítica sesuda pueda opinar del film, “El color del dinero” en mi opinión es una verdadera obra maestra con personalidad y llena de magia, una magia que desprendía el gran cine de antaño y que conforma a ésta como una de esas pelis que me marcaron desde siempre.

Paul Newman retoma más de veinte años después al personaje de Eddie “Relámpago” Felson con una interpretación igual de maravillosa (aunque aplicando nuevos matices que se ganan con la experiencia) pero dando un resultado diferente ya que con “El color del dinero” Newman pudo llevarse el Oscar que mereció en su día por “El Buscavidas”. En esta ocasión Newman se codeará con un, en principio, ingenuo Tom Cruise acompañado siempre de su manipuladora novia (interpretada por Mary Elizabeth Mastrantonio, quien fuera la hermana de Toni Montana en “Scarface”), al que tratará de inculcar su sabiduría de buscavidas y que terminará por convertirse en su nuevo rival.
Scorsese dice que realizó la película en un período de bajón creativo y con el fin de costearse la producción de “La última tentación de Cristo”. Si mediados de los ochenta fue realmente un período de bajón creativo para Marty, más le valdría estar de bajona más a menudo ya que no olvidemos que un año antes de “El color del dinero” había realizado nada menos que la también estupenda “After Hours” (aquí traducida como “¡Jo, qué noche!”). Cierto es que se nota que los productores ejercieron cierta presión sobre Scorsese pero no por ello el film pierde en cuanto a calidad, simplemente le hace adquirir cierto carácter comercial que por otra parte me parece el adecuado con el tono y las estrellas que protagonizan la película. En su realización nos encontramos con tics del cine de la época (los 80’s) como algún que otro encadenado o el empleo de canciones de moda en su banda sonora. Otros detalle que podría llamar la atención es el hecho de que la película se abra con una voz en off (la del propio Scorsese) que nos explica en qué consiste el juego de billar bola 9, típico detalle (el de dar explicaciones al público) que a los intelectuales del séptimo arte no suele hacerles gracia, y, aparte, a lo largo del metraje nos encontramos con movimientos de cámara mediante grúa, grandes angulares y demás recursos grandilocuentes propios de las superproducciones que tal vez no fuesen propios de un cineasta por entonces considerado tan rebelde como Scorsese, pero la verdad es que el tío sabe trabajar con estos recursos como nadie llevando a cabo un rodaje magnífico de la película. Pero lo que más llama la atención (en cuanto a la forma de estar rodada) de la película es la solemne manera en que Scorsese rueda las partidas de billar (aspecto que consigue estar a la altura de lo que hizo con los combates de boxeo en “Toro Salvaje”) aderezadas por el inigualable montaje de su inseparable Thelma Schoonmaker (parte de la genialidad de las mejores películas de Scorsese reside en la labor de esta persona).
El guión, pulido de principio a fin, es obra de Richard Price a partir de la novela de Walter Tevis (quien también escribió la novela en la que se inspiró la primera “El Buscavidas”). El guión sigue conservando ese aura de derrota que contenía la historia de “El Buscavidas” aunque en la peli se le da un enfoque algo más optimista y desenfadado (sin que esto quiera decir que la historia sea una fiesta) aparte del inevitable toque crepuscular que aplica el personaje de Newman. La fotografía a cargo de Michael Ballhaus también es espléndida y capta perfectamente el ambiente de los suburbiales locales de billar estadounidenses. Por otra parte, la banda sonora del film, tanto la compuesta por Robbie Robertson para la película como las canciones adicionales en las que nos encontramos temas míticos como el “One more night” de Phil Collins o “Werewolves of London” de Warren Zevon, nos remite a la esencia de la década en la que se gestó el film: los 80’s.
Pero por lo que siempre será recordada “El color del dinero” sin duda es por una de las interpretaciones más grandes de la historia del cine: la de Paul Newman como Eddie Felson, volviendo a bordar un personaje que dos décadas atrás en el tiempo ya bordó y al que en “El color del dinero” aparte de reinterpretar le aplica el carácter experimentado que ha ido adquiriendo con el paso del tiempo. Y ante un Newman aún más atractivo, talentoso y elegante que ningún hombre sobre la faz de la tierra, nos topamos con el que se suponía su relevo en la historia y que evidentemente sale perdiendo: Tom Cruise. Aunque el papel de Tom Cruise le viene como anillo al dedo y no lo hace mal sus continuas sobreactuaciones no dan una réplica a la altura ante la interpretación de Newman (tal vez Mickey Rourke hubiese sido de los pocos capaces de medirse ante Newman por entonces) pero, como digo, su papel de niñato tocacojones y  bobalicón no lo compone mal y nos deja  con un puñado de momentos míticos como cuando se luce jugando al billar frente a un grupo de negros mientras suena “Werewolves of London” y a la vez baila la canción (cien por cien Cruise!). Elizabeth Mastrantonio está correcta como mujer calculadora, creída y que se piensa que está de vuelta de todo, la cual aprovecha para coquetear continuamente con Newman mientras Cruise no está delante, además por lo menos enseña chicha, aunque no mucha pero por lo menos es algo. Entre los secundarios nos encontramos con un plantel que realiza una labor más que encomiable gracias tanto a actores que comenzaban a darse a conocer como Joh Turturro y Forrest Whitaker como a otros con más grado de veteranía como Bill Cobbs y Helen Shaver. Como curiosidad decir que Iggy Pop y Elizabeth Bracco realizan dos pequeños papeles y que en la peli también realizan cameos grandes figuras del mundo del billar como Keith McCready y Jimmy Mataya.
Sin duda una de las pelis que más me marcaron en mi infancia. En su momento también vi “El Buscavidas” y he de decir que aunque es una indudable obra maestra nunca podré sentir por esa película un cariño tan especial como el que siento por su continuación.

Más imágenes:

Imágenes de la película

Imagen promocional con los tres protagonistas

Portada de la revista “LIFE” de noviembre de 1986
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Santa’s rap

diciembre 28, 2009

Aunque ya estamos más cerca de año nuevo que de navidad os dejo con la aparición del mítico trío neoyorkino The Treacherous Three en la no menos mítica peli hiphopera de los 80’s “Beat Street”rapeando su particular villancico.