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Homeboy (Rourke luchando antes de ser Randy “The Ram” Robinson)

febrero 4, 2010

Tras el estreno de “El Luchador” a parte de recordar a muchos lo maravilloso actor que es Mickey Rourke, también nos hizo meditar sobre los paralelismos que había entre la historia de la película y la vida real del actor. Rourke al igual que Randy “The Ram” Robinson (su personaje en la película) había gozado de una fama y un prestigio a mediados de los ochenta que se fue evaporando con el paso del tiempo, y, del mismo modo que el personaje de la peli, Rourke también se dedicó a una modalidad de lucha de forma profesional solo que en lugar de tratarse de la lucha libre Mickey Rourke se desenvolvió en el mundo del boxeo (uno de sus sueños de la infancia). Rourke al igual que el personaje de “El Luchador” adoptaba un alias en sus combates y ese alias era el de El Marielito pero a diferencia de The Ram él no se había convertido en una gloria peleando sino actuando (aunque para poder desempeñar esta función tuviese que pelearse con algún que otro productor). Antes de descubrir su vocación como actor (cuando todavía era Philip Andre Rourke Jr.) y dado que no veía muy claro su futuro profesional en el béisbol (deporte por el que también se decantaba) decidió dedicarse a su mayor afición que era (y sigue siendo) el boxeo.
Pese a que el joven Philip ponía ganas al asunto finalmente tuvo que dejar de dedicarse al boxeo debido a que esto estaba perjudicando a su salud física y mental. Gracias a esto pudimos descubrir a uno de los mejores actores de finales del siglo XX que pasó de ser un macarrilla de la localidad de Schenectady (Nueva York) sin rumbo fijo en su vida a uno de los actores más prometedores de Hollywood hasta el punto de terminar convirtiéndose en una de las estrellas más exitosas de la industria en los años ochenta. Es entonces, en plena explosión de su carrera, cuando empieza a darse cuenta de lo podrido que está el negocio del cine y se niega a que se le explote como una cara bonita sin más que ofrecer, cosa que le lleva a enfrentarse abiertamente con la industria de Hollywood y a decantarse al inicio de los noventa por dejar el mundo del cine y dedicarse de nuevo a su verdadera pasión: el boxeo. Aunque lo intentase, Rourke no dejaba de ser una estrella de Hollywood y no tenía credibilidad suficiente sobre el ring por mucho que fuera una promesa en sus tiempos mozos. Su regreso al boxeo no entrará en los anales de la historia de este deporte pero nos dejó con algunos momentos míticos que siempre serán recordados como su paso por Asturias (la primera vez que el actor se pasaba por España) donde después del espectáculo se enzarzó, ayudado por nuestro Poli Díaz, con varias personas en una discoteca. Pese a su paso por el boxeo profesional Rourke nunca dejó de actuar, el problema es que no solo había perdido la credibilad en el ring sino también en cara a la industria del cine.

Poli Díaz y Mickey Rourke
Unos pocos años antes (en 1988) de volver al boxeo, Rourke protagonizó para el cine una historia escrita por él mismo que guardaba bastantes paralelismos con su vida personal y que tomaba el boxeo como elemento principal sobre el que giraba la historia. La película, “Homeboy”, es un film en el que nos encontramos con una de esas historias sobre perdedores que tanto le gustan a Rourke y con las que tan identificado se siente. En la película, Rourke interpreta a un boxeador de capa caída, un poco corto de miras, con aspecto de cowboy y nombre de whisky: Johnny Walker. Johnny (un tipo de campo) llega a la ciudad (sin que se nos explique bien por qué), lugar que desde un principio se mostrará hostil con él. Finalmente con la llegada de su promotor nos enteramos que Johnny no ha aparecido por casualidad sino para boxear. Durante su estancia en la ciudad Johnny, a pesar de su avanzada edad, irá descubriendo un mundo nuevo ante sus ojos en el que encontrará al fin un sentido que dar a su desdichada existencia: (cómo es de esperar) el amor y la comprensión por parte de una persona.
En la película nos encontramos con los tópicos propios de este tipo de pelis y por supuesto con varios nexos en común con “El luchador” aunque el resultado del film no sea ni por asomo tan redondo como el de esa película. Mickey Rourke lo intenta pero escribir no es su fuerte, sin embargo la historia, aunque ramplona en muchos aspectos, consigue funcionar de forma convencional. Como en “El Luchador” la película comienza mostrándonos al personaje que protagoniza la historia y su entorno hasta que se nos muestra el detonante del conflicto en el que se verá metido su protagonista, y aquí, al igual que en la peli de Aronofski, será el hecho de que si el prota realiza un combate más estará debatiéndose entre la vida y la muerte. Sin embargo esta no será la única decisión sobre la que Johnny tendrá que tomar una complicada decisión pues desde que llegó a la ciudad su vida ya no gira únicamente en torno al boxeo sino que ha encontrado la amistad manifestada de dos formas diferentes: por un lado con Wesley, un mafiosillo del barrio que en un principio se ve interesado por Johnny por mero interés debido a que está planeando dar un golpe y necesita a alguien que sepa pegar bien para la operación pero cuya relación irá evolucionando hacia una amistad en la que Wesley se erigirá como una especie de mentor sobre la vida para Johnny, y por otro lado con Ruby, una chica encargada de una feria y sobre la cual podrá apoyarse Johnny encontrando en ella la comprensión y el amor del que se siente necesitado. Al final Johnny tendrá que decidir entre luchar hasta hallar la muerte en el combate, ayudar a Wesley en el golpe o dejarlo todo e iniciar una nueva vida con Ruby. La decisión de Johnny no será tan descarnada y trascendental como la de Randy en “El Luchador”, sino más previsible y ñoña como era de esperar.
El film supuso el primer gran patinazo comercial de Mickey Rourke que venía de ganarse a crítica y público con la obra maestra de Alan Parker“El corazón del ángel”. La flojea en muchos aspectos, sobre todo en los que conciernen al guión, y Rourke sin estar mal tampoco es que realice una de sus mejores interpretaciones (sobre todo teniendo en cuenta la racha de grandes papeles que había ido realizando por entonces). Sin embargo he de reconocer que la peli me gusta y me resulta entrañable a la vez que agradable de ver (tampoco le pido mucho más a una película).
En cuanto al resto de interpretaciones (aparte de la de Rourke) destacan sobre todo un Christopher Walken que se come al resto del reparto con una genial composición con tendencia al histrionismo, y, haciendo de la chica de la que se enamora Rourke en la peli, Debra Feuer, quien era su esposa en la vida real y de la que se divorciaría solo un año después. Pero posiblemente lo más destacable de la película sea la preciosa banda sonora obra del mismísimo Eric Clapton. Clapton supo captar el alma de la historia y confirió con sus acordes de una atmósfera especial a la película.

Mickey Rourke y Eric Clapton
En fin, un intento por parte de Rourke de encontrar vocación como escritor (al modo de Stallone) fallando en el intento pero que será también una especie de presagio del abismo al que se encaminaría su carrera y su vida. Imprescindible de todas formas para cualquier fan de Mickey.
Más imágenes:

Imágenes de la película

Mickey Rourke, Debra Feuer, Michael Seresiny parte del cast en un reportaje fotográfico para la revista SKY

Mickey Rourke y Debra Feuer durante el rodaje

Imágenes promocionales de la película

Portada de la revista Premiere de Enero de 1988
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