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Cruising

noviembre 11, 2009

El término Cruising (con el que William Friedkin titula una de sus más personales, oscuras y mejores películas) en la jerga gay se emplea para referirse a salir por la noche en busca de ligoteo y sexo ocasional entre dos hombres; es decir salir “A la caza”, como libremente se tituló en España a la película. El cruising es precisamente el tema central de la historia de “A la caza” en la que un policía heterosexual se infliltará, con la ambición de convertirse en inspector, en el ambiente gay neoyorkino para dar con un psicópata cuyas víctimas son siempre homosexuales.
Friedkin había dirigido el gran film de terror de los 70 (“El Exorcista”) y el gran thriller de acción de los 70 (“The French Connection”), y con “A la caza” aparte de aunar ambos estilos (por supuesto el esquema de thriller predomina sobre su parte terrorífica) se despide de la década de los 70 (que fue su etapa dorada) estrenando en 1980 uno de los thrillers más sórdidos rodados hasta la fecha en el que el espíritu del nuevo y rebelde cine americano de los 70 sigue presente. Por supuesto a día de hoy la peli no debe causar el impacto que causó en su momento pero ya quisiesen muchas películas de hoy día ser tan arrebatadoras y fascinantes como esta perturbadora crónica policial que Friedkin se marcó con sus santos cojones. Friedkin ya había tratado el tema de la homosexualidad de un modo más progre e inocente en “Los Chicos de la Banda” pero ese descenso a los infiernos de la cultura norteamericana en el que se retrataba el lado más sórdido del ambiente gay que fue “A la caza” hizo correr ríos de tinta y conllevó a que el colectivo gay estadounidense se movilizase en contra de la peli, algunas de estas asociaciones llegaron incluso (durante su realización) a sabotear el equipo de rodaje, agredir al equipo técnico e incluso a amenazar al propio Al Pacino, probablemente sin ser conscientes de que estaban ahorrando el trabajo sucio a los conservaduristas censores. De entre las múltiples barbaridades que llegaron a decirse sobre la peli, el crítico Arthur Bell soltó que la peli “incitaría a matar y mutilar a los gays”.
Dicho esto queda claro que “A la caza” fue un film maldito desde antes de su estreno, pero no solo por esta razón se trata de una película de culto pues como película cuenta con suficientes alicientes para que se forme un culto en torno a ella.
Friedkin, basándose libremente en la novela de homónimo título escrita por un periodista llamado Gerald Walker, nos sumerge en un infierno urbano (de similar manera a la que lo hizo Coppola con su versión de “El corazón de las tinieblas” en “Apocalipsis Now”) en el que vemos como su protagonista (magníficamente interpretado por un Al Pacino que aún hacía papeles realmente interesantes) se ve atrapado por el mundo en el que se ha adentrado durante un duro proceso de transformación en cuerpo y alma. A lo largo de la peli veremos un sinfín de perversiones sadomasoquistas ya sean perpetradas en la habitación de un motel o en los garitos que frecuenta Pacino, donde las chupas y gorras de cuero son la estética que predomina y que marca la actitud del sector gay más pervertido. Entre las muchas escenas que destacan de la peli podemos ver un crudo primer asesinato en clave de bondage, Al Pacino marcándose uno de sus míticos bailes discotequeros como también haría en “Scarface” y “Atrapado por su pasado”, el negro enorme semidesnudo y con sombrero de cowboy que pega bofetones a Pacino y un sospechoso durante un interrogatorio (un recurso casi surrealista) o ese plano final de Pacino volviendo a su anterior vida afeitándose con mirada de desequilibrio mientras su novia se pone su atuendo de ir de cruising y de fondo suena una sinfonía de Luigi Boccherini.
A parte de Pacino en la peli nos encontramos entre otros a Paul Sorvino (que ya había aparecido con Al Pacino en “Pánico en Needle Park”) haciendo de capitán de policía en uno de los papeles más importantes de su carrera, Karen Allen (la Marion de “En busca del arca pérdida”) haciendo de la novia de Pacino, y las pequeñas apariciones de dos actores míticos de la televisión de finales del siglo XX: Ed O’Neill (mítico Al Bundy de “Matrimonio con hijos”) y William Russ (el padre de Cory en “Yo y el Mundo”). Para la banda sonora Friedkin contó con Jack Nietzsche, pero probablemente adquieren más importancia las canciones de punk y rock underground que se incluyen en la peli dando especial protagonismo al temazo “It’s so easy” de Willy DeVille que lo oímos durante un estupendo encadenado y en los créditos finales.
En fin, un peliculón de estética oscura y temática turbia que sin duda influyó en futuros thrillers como “El silencio de los corderos”. Una peli de imprescindible visionado, sobre todo para amantes de historias truculentas y de la estética nocturna, queer y barriobajera.
Más imágenes:

Dos futuras estrellas de la tele: Ed O’Neill (jovencísimo y con un curioso parecido a Robert De Niro) y William Russ.

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